Romances
Romances y con buen tino la sortea. Ahora os pido
que oigáis el epitafio de Marina, urdido
por la pérfida Dionisa.
Lee la inscripción en el sepulcro de Marina.
«Yace aquí la más dulce y bella flor,
marchita en la cima de su esplendor.
Aunque tronchada de la Naturaleza
era el mejor retoño: era buena.»
Nada enmascara mejor a la vileza
que la lisonja dicha con blandeza.
Dejemos que Pericles crea muerta a su hija
y que la dama Fortuna su camino rija;
nuestro escenario, entretanto, ha de mostrar
la desdicha de esta hija forzada a realizar
tan innoble servicio. Paciencia a quien la tiene,
pues, e imaginad que estamos en Mitilene.
Sale.
Letrero de un burdel.
Entran dos CABALLEROS.
PRIMER CABALLERO ¿Habíais oído cosa semejante?
SEGUNDO CABALLERO No, ni la volveré a oír en un sitio como este si ella se marcha.
PRIMER CABALLERO ¡Mira que venir a predicar religión justo aquí! ¿Lo habríais soñado siquiera?
