Romances
Romances y rumia para sí, ¿habrá, pues, de adorarlo
aquel a quien tenemos por ídolo más grande?
No, señor tan denodado, que vale más tres veces,
no manchará la palma noblemente adquirida,
ni, pese a mí, ha de rendir su mérito,
de títulos tan grandes como tenga Aquiles,
a Aquiles visitando.
Eso sería engrasar su orgullo, ya bien graso,
y añadir más carbones a Cáncer cuando quema,
al festejar así a este Hiperión el grande.
¿Tal señor visitarle? No lo permita Júpiter,
que dice con su trueno: «Visítale tú, Aquiles».
NÉSTOR (Aparte.) Oh, bien está eso; toca en el flaco suyo.
DIOMEDES (Aparte.) ¿Cómo con su silencio se bebe dicho aplauso?
ÁYAX Si a verle voy, con mi puño armado,
he de hundirle la cara.
AGAMENÓN Oh, no, pues vos no iréis.
ÁYAX Y si orgullo me muestra, yo se lo aplastaría.
Dejadme que le vea.
ULISES No, por todo lo que hay pendiente en esta lucha.
ÁYAX ¡Criatura mezquina e insolente!
NÉSTOR (Aparte.) ¡Cómo a sí mismo se describe!