Romances
Romances LEONTES Digamos la mitad, entonces,
y en esto no consiento negativas.
POLIXENO No me presiones de este modo, por favor.
En todo el mundo no hay ninguna lengua
que pueda convencerme con tanta rapidez
como la tuya. Y me convencería ahora,
si lo que pides fuese imprescindible,
aunque más me conviniera negártelo. Mis asuntos
me llaman al hogar y, si tu afecto me retiene,
será un castigo para mí, y mi estadía un peso
y una pena para tu alma. Por el bien de ambas,
adiós, hermano.
LEONTES ¿Y nuestra reina se tragó la lengua?
Dile algo.
HERMIONA Pensaba, señor, callarme hasta el momento
en que lo hicieras jurar que no se quedaría.
Eres muy frío en la insistencia. Dile que en su Bohemia
todo está bien; que ayer nos lo aseguraron.
Díselo y lo privarás de la mejor defensa.
LEONTES Bien dicho, Hermiona.
HERMIONA Si el caso es que desea
ver a su hijo, el argumento es poderoso.
Si es eso lo que ocurre, que lo diga y se vaya;
le bastará jurarlo para que no lo detengamos:
lo echaremos a golpes de aguja de tejer.