Romances
Romances ESCENA I
Entran CLEÓMENES y DION.
CLEÓMENES El clima es delicado, dulce el aire,
la isla feraz y el templo excede en mucho
todos los elogios que se oyen.
DION Por mi parte,
me cautivaron más que nada las túnicas celestes
(no sé si el término es preciso) y la solemnidad
de los devotos. Ah, ¡y el sacrificio!
¡Qué espiritual, ceremoniosa y grave
fue la ofrenda!
CLEÓMENES Pero, por sobre todo,
la voz ensordecedora del oráculo,
como el trueno de Zeus, me sorprendió de tal forma
que quedé anonadado.
DION Si este viaje
resulta tan feliz para la reina (¡Dios lo quiera!),
como fue para nosotros novedoso, veloz
y placentero, bien valió la pena hacerlo.
CLEÓMENES ¡Apolo quiera que todo sea para bien!
No me gustan nada esas declaraciones
que cargan de faltas a la pobre Hermiona.
DION La violencia que rezuma de este asunto
debe explicarse o terminar cuando el oráculo,
sellado por el gran augur de Apolo,
