Romances
Romances CONTRAMAESTRE Nadie a quien quiera más que a mÃ. El consejero es usted; si puede hacer callar a los elementos y obrar la paz ahora mismo, no tocaremos una jarcia más. Use su autoridad. Si no, agradezca que ha vivido tanto y apróntese en el camarote para la hora de la desgracia, si llega. ¡Valor, buenos muchachos! (A los cortesanos.) ¡Apártense, he dicho!
Sale.
GONZALO Este hombre es un gran consuelo. Si al que nace para ahorcado no le toca ahogarse nunca, a este le veo en la cara que está hecho para el patÃbulo. Vela, buen Hado, porque llegue sano y salvo. Que la cuerda de su destino nos haga de cabo, porque el nuestro de poco nos sirve. Si no nació para la horca, estamos perdidos.
Salen.
Entra el CONTRAMAESTRE.
CONTRAMAESTRE ¡Abajo el mastelero! ¡Deprisa! ¡ArrÃen más la vela! ¡Más! A ver si se ciñe al viento. (Un grito dentro.) ¡Al diablo con esos gritos! Aturden más que el oleaje y nuestras maniobras.
Entran SEBASTIÃN,
ANTONIO y GONZALO.
¿Otra vez? ¿Qué hacen aqu� ¿Quieren que nos rindamos? ¿Que nos ahoguemos todos? ¿Que nos vayamos a pique?
SEBASTIÃN ¡La viruela te llague la garganta, perro chillón, blasfemo, despiadado!