Romances
Romances ESCENA I
Entra FERNANDO, cargando un leño.
FERNANDO De ciertos pasatiempos penosos, el deleite
borra la fatiga; algunas humillaciones
se soportan con nobleza; y ocupaciones
muy bajas señalan altos propósitos.
Esta mezquina labor me sería tan pesada
como odiosa, si la señora a quien sirvo
no diera vida a los muertos, e hiciera
de los afanes placeres. Ah, ella es diez veces
más gentil de lo que huraño y repleto
de asperezas es su padre. Debo acarrear
miles de estos leños y apilarlos; ese ha sido
su cruel mandato. Mi dulce dueña llora
cuando me ve trabajar, y dice que nunca
labor tan baja tuvo ejecutor semejante.
Me he distraído. Pero estos dulces pensamientos
vienen a reanimar mis esfuerzos,
y más insisten cuanto más trabajo.
Entra MIRANDA.
PRÓSPERO la sigue de lejos sin dejarse ver.
MIRANDA ¡Ay! Te lo ruego,
no te esfuerces tanto. ¡Ojalá un rayo hubiese
quemado estos leños que te han obligado a apilar!
Déjalos, por favor, y descansa. Cuando ardan,
llorarán por haberte fatigado. Mi padre
