Romances
Romances con la fetidez de nuestros señores
asesinados. Ten piedad, duque.
Tú, purgador de la Tierra, desenvaina
la temible espada que al mundo beneficia
con sus acciones: danos
los huesos de nuestros finados reyes
para que los guardemos en criptas
y, en tu bondad ilimitada, notifícate
de que nuestras testas coronadas no
tienen otro techo que el de los osos
y los leones: la bóveda de todas las cosas.
TESEO Levántate, te lo ruego:
tus palabras me han arrebatado
y me aflige que lastimes tus rodillas.
Me he enterado del destino de sus señores
muertos, y es algo que tanto me acongoja
como despierta mi sed de vengarlos.
Capaneo, el rey, fue tu señor. El día
en que iba a desposarte, de una edad
idéntica a la que ahora tengo yo,
lo conocí junto al altar de Marte.
Tú eras deslumbrante en ese tiempo:
no era más claro ni abundoso el manto
de Juno que tus trenzas. Tu guirnalda
de espigas no había sido desgranada
ni machacada entonces; al sonreírte
Fortuna, se dibujaban hoyuelos