Romeo y Julieta
Romeo y Julieta ¡Cuando la fervorosa religión de mis ojos apoye tal mentira que en llamas se truequen mis lágrimas! ¡Que estos diáfanos heréticos, que a menudo se anegan sin poder morir, se abrasen por impostores! ¡Una más bella que mi amada! El sol, que ve cuanto hay, nunca ha visto otra que se le parezca desde que el mundo es mundo.
BENVOLIO
¡Callad! La habéis encontrado bella no teniendo otra al lado, su imagen con su imagen se equilibraba en vuestros ojos; pero en esas cristalinas balanzas contrapesad a vuestra adorada con alguna otra joven que os enseñaré brillando en la próxima fiesta y en mucho amenguará el parecido de esa que hoy se os muestra por encima de todas.
ROMEO
Iré contigo, no para ver esa supuesta belleza, sino para gozar en el esplendor de la mÃa.
(Se marchan)
(Un cuarto en la casa de Capuleto)
(Entran LADY CAPULETO y la NODRIZA)
LADY CAPULETO
Nodriza, ¿dónde está mi hija? Decidla que venga aquÃ.
NODRIZA
