Sonetos
Sonetos ¿Su espíritu me ha tendido muerto,
Por fuerzas no mortales inspirado?
No; ni él ni los cofrades que en la noche
Lo asisten, mis versos acallaron.
Ni él ni ese fiel demonio amigo
Que le brinda nocturna inteligencia
Pueden alardear de mi silencio,
Pues, cuando enmudecí no fue por miedo.
Mas como él se apropió de tu semblante,
Mi voz perdió su fuente y quedó exhausta.
¡Adiós! No merezco poseerte
Y conoces, por cierto, tu valía.
Tus méritos te han dejado libre
Y todos mis derechos caducaron.
¿Cómo retenerte si no accedes,
Por qué he de merecer tanta riqueza?
Carezco de argumentos y razones,
De modo que mi plazo está vencido.
Te diste a mí ignorando tus virtudes
O ignorando a quién las entregabas;
Don precioso, cedido erróneamente,
Que hoy me quitas, con juicio más sensato.
Te tuve cual quien duerme y desvaría,
En sueños rey, en la vigilia nadie.
