Sonetos
Sonetos
Acusé a la violeta de este modo:
Dulce ladrona, cuyo olor tan dulce
Tomaste del aliento de quien amo,
Y el purpúreo orgullo de tu rostro
Teñiste en la sangre de sus venas.
Culpé al lirio de hurtar tu mano blanca,
De quitarte el cabello a la sarilla;
Las rosas erizaron las espinas,
Con rubor una, pálida la otra.
Ni blanca ni roja, una tercera
A tu hálito unía ambos colores,
Mas no pudo ufanarse de su robo:
Corrompíala el cancro, vengativo.
Y no vi flor alguna que no hubiese
Arrancado de ti color o aroma.
Oh musa, ¿dónde estás que has olvidado
Celebrar la fuente de tus fuerzas?
¿Dilapidas tu ingenio en vil asunto,
Alumbrando bajezas te oscureces?
Redime presurosa, en versos nobles,
Esas horas, oh musa, que perdiste;
Canta a quien estima tus canciones
