Sonetos
Sonetos Y una vez que trepó a la abrupta cima
Y semeja un maduro mozo altivo,
Los mortales veneran su belleza
Presenciando el peregrinaje de oro.
Mas cuando baja el carro fatigado
Marchándose del día como un viejo,
Los ojos reverentes se distraen
Y no miran la estela que desciende.
Así pasará tu mediodía:
Sin hijos, morirás inadvertido.
Eres música y la música te aflige,
Y así opones lo dulce a la dulzura:
¿Por qué amas tanto lo que no te agrada
O bien te agrada tanto lo que odias?
Si la unión de sonidos armoniosos
Que se enlazan ofende tus oídos,
son dulce reprimenda a quien se obstina
En guardar para sí lo que a otros debe.
Observa que las cuerdas desposadas
Se pulsan entre sí de mutuo acuerdo,
Y cual esposo, hijo y tierna madre
Cantan al unísono una nota:
Muchos cantos en uno, sin palabras,
Que repiten: "Solo serás nadie."