Sonetos
Sonetos Los labios que amor mismo fabricara
Diciéndome "Te odio" han injuriado
A quien por serles fiel languidecía.
Mas vio ella mi estado doloroso
Y piedad, en su pecho despertando,
Reconvino a esa lengua que tan dulce
Era siempre en sus juicios ordinarios.
Enseñóle, pues, nuevo saludo,
Y trocado así por el "Te odio"
Llegó éste cual rosáceo día
Tras la noche que como un demonio
Despeñada es del cielo a los infiernos.
Desechó con odio ese "Te odio"
Y me salvó, diciéndome "Es a otro".
Oh centro de mi gleba pecadora,
Manceba de contrarias potestades,
¿Por qué, alma, por dentro languideces
Y por fuera te pintas tan festiva?
Siendo el plazo tan breve, ¿por qué vistes
De ornatos tu morada transitoria?
Los gusanos serán quienes la hereden
Y engorden con las galas de tu cuerpo.
Vive pues a costa de tu siervo,
Aumenta con sus cuitas tus caudales;
