Sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano HERMIA.—Asà quiero crecer, señor, y vivir y morir, antes que sacrificar mi virginidad a un yugo que mi alma rechaza y al cual no puedo someterme.
TESEO.—Tomad tiempo para reflexionar; y por la luna nueva, dÃa en que se ha de sellar el vÃnculo de eterna compañÃa entre mi amada y yo, preparaos a morir por desobediencia a vuestro padre, o a desposaros con Demetrio, o a abrazar para siempre en el altar de Diana la vida solitaria y austera.
DEMETRIO.—Cede, dulce Hermia. Y tú, Lisandro, renuncia a tu loca pretensión ante la evidencia de mi derecho.
LISANDRO.—Demetrio, tenéis el amor de su padre. Dejadme el de Hermia. Casaos con él.
EGEO.—Desdeñoso Lisandro, es verdad que tiene mi amor y por eso le doy lo que es mÃo. Ella es mÃa, y cedo a Demetrio todo mi poder sobre ella.
LISANDRO.—Señor, tan bien nacido soy como él y mi posición es igual a la suya; pero mi amor le aventaja. Mi fortuna es en todos los casos considerada tan alta, si no más, que la de Demetrio. Y lo que vale más que todas estas ostentaciones, soy el amado de la hermosa Hermia. ¿Por qué, pues, no habrÃa yo de sostener mi derecho? Demetrio, lo digo en su presencia, cortejó a Elena, la hija de Nedar, y conquistó su corazón; y ella, pobre señora, ama entrañablemente, ama con idolatrÃa a este hombre inconstante y desleal.
