Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos Parque del rey de Navarra.
Entran HOLOFERNES, SIR NATANIEL y DULL
HOLOFERNES.—Satis quod sufficit[61].
NATANIEL.—Ruego a Dios por vos, señor. Las razones que nos habéis dado en la mesa han sido agudas y sentenciosas; agradables sin groserÃa, ingeniosas sin afectación, audaces sin imprudencia, sabias sin pretensión y originales sin herejÃa. He conversado cierto dÃa, quondam, con uno de los favoritos del rey, que se titula, llama o apellida don Adriano de Armado.

HOLOFERNES.—Novi hominem tanquam te[62]. Su temple es altivo, su palabra concluyente, su lengua cortante, su mirada ambiciosa, su porte majestuoso y sus maneras, en general, vanas, ridÃculas y jactanciosas. Es demasiado hinchado, demasiado emperifollado, demasiado extravagante, como si dijéramos, demasiado peregrinesco, si puedo expresarme asÃ.
NATANIEL.—¡EpÃteto singular y escogido! (Sacando su libro de notas.)
