Macbeth
Macbeth Inglaterra. — Apartamento en el palacio real. — Entran MALCOLM y MACDUFF.
MACDUFF:
Al fin llegué a Inglaterra, al fin te abrazo.
MALCOLM:
Busquemos una sombra desolada
adonde desahogar el triste pecho.
MACDUFF:
Busquemos antes con sangrienta espada
a restaurar las honras y el derecho
que en la cuna heredamos: desgraciada
viuda cada aurora el frio lecho
de lágrimas rocÃa; y cada instante
llora en dura orfandad un nuevo infante.
Nuevas tribulaciones cada dÃa
hieren en rostro al cielo empedernido;
y en él resuena la maldad impÃa,
cual si al par de la Escocia derruido
cayese el firmamento, en su agonÃa
lanzando agudo y fúnebre alarido.
MALCOLM:
Yo creo lo que sé y eso deploro;
desconocidos males nunca lloro.
Si cierto es lo que dices, coyuntura
para vengarlo espero. Ese tirano,
cuyo nombre la lengua más impura
pronuncia con dolor, benigno, humano,
