Macbeth
Macbeth MACBETH y UN SIRVIENTE que sale después.
MACBETH:
¿Esperan esos hombres?
CRIADO:
Están, señor, ocultos en palacio.
MACBETH:
Entren sin dilación.
(Sale el CRIADO.)
No es existencia
la que se arrastra así, pues no es segura.
Mas a Banquo sospecho cada instante;
que en su mente magnánima domina
la inspiración divina
de terrible virtud. Audaz, prudente,
orgulloso y paciente,
de vigor rico, de ambición y calma
al poder de su alma
sirve de docta guía
la firme y perspicaz sabiduría.
Solo de Banquo el poderoso aliento
me puede intimidar; pero me siento
ante su genio mustio y humillado
cual a vista del Cesar Marco-Antonio.
Ceño duro y airado
mostró Banquo a las brujas previsoras
que el trono me ofrecían
