Cuentos goticos
Cuentos goticos Cornelius habÃa guardado vigilia durante tres dÃas y tres noches, sin cerrar nunca los ojos. El progreso de sus alambiques era más lento de lo que esperaba: a pesar de su ansiedad, el sueño le pesaba en los párpados. Una y otra vez hacÃa a un lado la somnolencia con energÃa más que humana; una y otra vez penetraba en sus sentidos. Observó sus crisoles con añoranza.
—TodavÃa no están listos —murmuró—; ¿ha de transcurrir otra noche antes de que el trabajo esté conseguido? Winzy, tú eres vigilante, eres leal… tú has dormido, muchacho, tú has dormido anoche. Mira ese frasco de cristal. El lÃquido que contiene es de un rosa pálido, en el momento en que su tonalidad cambie, despiértame; hasta ese momento podré cerrar los ojos. Primero se volverá blanco, y luego emitirá destellos dorados, pero no aguardes hasta entonces. Cuando el rosa se desvanezca, levántame.
Apenas oà las últimas palabras, ya que habÃan sido musitadas casi en sueño. Y aun asà no cedió del todo ante la naturaleza.
—Winzy, muchacho —repitió—, no toques el frasco… no te lo lleves a los labios; es un filtro… un Filtro para curar el amor; tú no quieres dejar de amar a tu Bertha… ¡cuÃdate de beberlo!