Cuentos goticos
Cuentos goticos —¿Y fue mi aspecto en aquel atractivo estado y favorecedoras prendas lo que suavizó el duro corazón de Constance? —preguntó Gaspar, sonriendo ante esa imagen de lo que nunca llegarÃa a ser.
—Más que eso —repuso Constance—, pues mi corazón me susurraba que aquello era por mi culpa: ¿y quién recordarÃa la vida que latÃa en tus palpitaciones, quién la restaurarÃa, salvo el destructor? Mi corazón jamás se volcó a mi feliz y vivo caballero como lo hizo con aquella imagen macilenta que yacÃa en las visiones de la noche a mis pies. Un velo se cayó de mis ojos; la oscuridad fue desterrada ante mÃ. Creo que entonces supe por primera vez qué eran la vida y la muerte. Se me pidió que creyera que hacer felices a los vivos no era herir a los muertos; y sentà lo perversa y vana que era aquella filosofÃa falsa que situaba la virtud y el bien en el odio y la descortesÃa. Tú no morirÃas; yo soltarÃa tus cadenas y te salvarÃa, ordenándote que vivieras para el amor. Di un salto, y la muerte que desaprobaba en ti habrÃa sido la mÃa —en aquel instante, cuando por primera vez experimenté el verdadero valor de la vida— si no hubiera estado allà tu brazo para salvarme, tu querida voz para bendecirme para siempre.