El último hombre
El último hombre »Nosotros no somos meramente objetos, receptáculos del Espíritu del Bien. Fijémonos en la mente del hombre, donde la sabiduría reina en su trono; donde la imaginación, pintora, toma asiento, con su pincel impregnado de unos colores más hermosos que los del atardecer, adornando la vida que le es conocida con tonos brillantes. ¡Qué noble es la imaginación, digna de quien nos la entrega! Extrae de la realidad los tonos más oscuros. Envuelve todo pensamiento y sensación en un velo radiante, y con una mano de belleza nos conduce desde los mares estériles de la vida hasta sus jardines, sus pérgolas y sus prados de dicha. ¿Y no es acaso el amor un regalo divino? El amor y su hija, la Esperanza, que puede infundir riqueza a la pobreza, fuerza a la debilidad y felicidad al sufrimiento.