El último hombre

El último hombre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO V

Cuando llegamos a Windsor supe que Raymond y Perdita habían partido rumbo a Europa. Tomé posesión de la casa de campo de mi hermana, feliz por poder ver desde allí el castillo de Windsor. Resulta curioso que en esa época, cuando por el matrimonio de mi hermana había entroncado con una de las personas más ricas de Inglaterra y me unía una íntima amistad con su noble más destacado, me hallara en la más grave situación de pobreza que he experimentado jamás. Mi conocimiento de los principios de lord Raymond me hubiera impedido recurrir a él por difíciles que hubieran sido mis circunstancias. Y en vano me repetía a mí mismo que Adrian acudiría en mi ayuda si se lo pedía, pues su monedero estaba abierto para mí y, hermanos del alma como éramos, también debíamos compartir nuestras fortunas. Porque, mientras siguiera a su lado, jamás podría pensar en su abundancia como remedio a mi pobreza. Así, rechazaba al punto todos sus ofrecimientos de ayuda y le mentía al asegurarle que no la necesitaba. ¿Cómo iba a decirle a ese ser generoso: «Mantenme ocioso. Tú, que has dedicado los poderes de tu mente y tu fortuna al beneficio de tu especie, errarás en tu empeño hasta el punto de apoyar en su inutilidad a los fuertes, sanos y capaces?»


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker