El último hombre
El último hombre -¡Ay de nosotros! -exclamé-, que hemos perdido este último honor del mundo. ¡Amado Raymond! Se ha ido a las naciones de los muertos. Se ha convertido en uno de los que, morando en ellas, iluminan las oscuras tumbas. Ha transitado la senda que conduce a esas regiones y se ha unido a las poderosas almas que lo precedieron. Cuando el mundo se hallaba en su infancia, la muerte debe de haber sido algo terrible, y el hombre abandonaba a familiares y amigos para morar, extranjero solitario, en un país desconocido. Pero ahora el que muere se encuentra con muchos compañeros que se fueron antes que él y que se preparan para recibirlo. Lo pueblan los más grandes de las pasadas eras, y el héroe aclamado de nuestros días se cuenta entre sus habitantes, mientras la vida se convierte, doblemente, en «desierto y soledad».37