El último hombre
El último hombre Regresé a la finca familiar en el otoño del año 2092. Mi corazón llevaba con ellos desde siempre, y ahora se regocijaba en la esperanza de volver a verlos. La región que habitaban parecía la morada del espíritu bondadoso. La felicidad, el amor y la paz recorrían los senderos de los bosques y templaban la atmósfera. Después de toda la agitación y el pesar que había soportado en Grecia, me dirigía a Windsor como el ave que, llevada por la tormenta, busca un nido donde cobijarse tranquila y plegar las alas.
