El último hombre
El último hombre Parecía evidente que algún trastorno se había infiltrado en el curso de los elementos, alterando su fluir benigno. El viento, príncipe del aire, rugía en su reino, encrespando el mar furioso y sometiendo a la tierra rebelde a cierta obediencia.
Airadas plagas desde las alturas el dios envía
de hambruna y pestilencia a montones perecen
y de nuevo en venganza de su ira cae
sobre sus grandes huestes,
y sus tambaleantes muros resquebraja;
detiene sus flotas en la llanura del mar
y a su profundidades las envía.44
Su poder mortífero azotaba los países florecientes del sur, y durante el invierno, incluso nosotros, desde nuestro retiro septentrional, empezamos a agitarnos bajo sus efectos.
