El último hombre
El último hombre ¿Por qué aúllas así, oh viento? Ni de día ni de noche ha cesado tu rugido en los últimos cuatro meses. En las costas se suceden los naufragios, la superficie del mar no es ya navegable, la tierra se ha despojado de su belleza obedeciendo tus órdenes, el frágil globo ya no osa surcar los aires agitados. Tus ministras, las nubes, inundan la tierra con sus lluvias, los ríos abandonan sus cauces, el torrente desbocado desgarra el sendero de montaña. Los llanos, los bosques y los claros olvidan sus encantos y hasta nuestras ciudades se echan a perder por tu causa. ¡Ay! ¿Qué será de nosotros? Se diría que las olas gigantes del océano, los inmensos brazos del mar, están a punto de arrancar de su centro nuestra isla, tan firmemente anclada en él, para arrojarla, convertida en ruina y escombro, contra los campos del Atlántico.