El último hombre
El último hombre Mientras avanzaba por el bosque iba cruzándome con grupos de campesinos que conversaban acaloradamente sobre el suceso: a pesar de lo lejos que se hallaban del demostrado contagio, llevaban el temor impreso en los semblantes. Me encontré con un grupo de aquellos seres aterrorizados en el sendero que conducía directamente al cobertizo. Uno de ellos me detuvo y, dando por supuesto que yo ignoraba la circunstancia que nos ocupa, me conminó a no seguir avanzando, pues un apestado se hallaba postrado a escasa distancia.
-Lo sé -repuse yo-, y me dirijo a ver en qué estado se encuentra el pobre hombre. -Un murmullo de sorpresa y horror recorrió el grupo-. Esa pobre persona está sola y va a morir sin que nadie le brinde auxilio. En estos tiempos desgraciados sólo Dios sabe lo pronto que tal vez todos nosotros nos hallaremos en su misma situación. De modo que voy a hacer lo que me gustaría que hicieran conmigo.
-Pero ya nunca podrá regresar al castillo... a lady Idris... a sus hijos...
Así se expresaron varios de ellos atropelladamente, y sus palabras llegaron a mis oídos.