Frankenstein
Frankenstein En aquellos momentos lloraba amargamente y deseaba recobrar la paz de espÃritu que me permitirÃa consolarlos y alegrarlos. Mas ello no habÃa de ser. El remordimiento anulaba cualquier esperanza. Era el autor de males irremediables, y vivÃa bajo el constante terror de que el monstruo que habÃa creado cometiera otra nueva maldad. TenÃa el oscuro presentimiento de que aún no habÃa concluido todo y de que pronto cometerÃa de nuevo algún crimen espantoso, que borrarÃa con su magnitud el recuerdo de su anterior delito. Mientras viviera algún ser querido, siempre habrÃa un lugar para el miedo. La repulsión que sentÃa hacia este demonÃaco ser no se puede concebir. Cuando pensaba en él apretaba los dientes, se me encendÃan los ojos y no deseaba más que extinguir aquella vida que tan imprudentemente habÃa creado. Cuando recordaba su crimen y su maldad, el odio y deseo de venganza que surgÃan en mà sobrepasaban los lÃmites de la moderación. Hubiera ido en peregrinación al pico más alto de los Andes de saber que desde allà podrÃa despeñarlo. QuerÃa verlo de nuevo para maldecirlo y vengar las muertes de William y Justine.