Frankenstein
Frankenstein —Esperaba este recibimiento —dijo el demonÃaco ser—. Todos los hombres odian a los desgraciados. ¡Cuánto, pues, se me debe odiar a mà que soy el más infeliz de los seres vivientes! Sin embargo, vos, creador mÃo[61], me detestáis y me despreciáis, a mÃ, vuestra criatura, a quien estáis unido por lazos que sólo la aniquilación de uno de nosotros romperán. Os proponéis matarme. ¿Cómo os atrevéis a jugar asà con la vida? Cumplid vuestras obligaciones para conmigo, y yo cumpliré las mÃas para con vos y el resto de la humanidad. Si aceptáis mis condiciones, os dejaré a vos y a ellos; pero si rehusáis, llenaré hasta saciarlo el buche de la muerte con la sangre de tus amigos.
—¡Aborrecible monstruo!, ¡demonio infame!, los tormentos del infierno son un castigo demasiado suave para tus crÃmenes. ¡Diablo inmundo!, me reprochas haberte creado; acércate, y déjame apagar la llama que con tanta imprudencia encendÃ.
Mi cólera no tenÃa lÃmites; salté sobre él, impulsado por todo lo que puede inducir a un ser a matar a otro. Me esquivó fácilmente y dijo: