Frankenstein
Frankenstein Dejamos Oxford con pesar, y continuamos hacia Matlock, nuestro próximo lugar de asiento. El campo que rodea este pueblo se parece en cierto modo al de Suiza, pero todo a menor escala; las verdes colinas carecen del fondo que en mi país natal proporcionan los distantes Alpes nevados, asomando siempre por detrás de las montañas cubiertas de pinos. Visitamos la maravillosa gruta y las pequeñas vitrinas dedicadas a las ciencias naturales, donde los objetos están dispuestos de la misma manera que las colecciones de Servox y Chamonix. El mero nombre de éste último lugar me hizo temblar cuando Henry lo pronunció, y me apresuré a abandonar Matlock por la vinculación que tenía con aquel horrible sitio.