Frankenstein
Frankenstein Beaufort había tomado medidas eficaces para esconderse, y mi padre tardó diez meses en descubrir su paradero. Entusiasmado con el descubrimiento, mi padre se apresuró hacia su casa situada en una humilde calle cerca del Reuss[22]. Pero al llegar sólo encontró miseria y desesperación. Beaufort no había logrado salvar más que una pequeña cantidad de dinero de los despojos de su fortuna. Era suficiente para sustentarlo durante algunos meses y, mientras tanto, esperaba encontrar un trabajo respetable con algún comerciante. Así pues, pasó el intervalo inactivo; y, con tanto tiempo para reflexionar sobre su dolor, se hizo más profundo y amargo y, al fin, se apoderó de tal forma de él, que tres meses después estaba enfermo en cama, incapaz de realizar cualquier esfuerzo.
Su hija lo cuidaba con el máximo cariño, pero veía con desazón que su pequeño capital disminuía con rapidez y que no había otras perspectivas de sustento. Pero Caroline Beaufort estaba dotada de una inteligencia poco común; y su valor vino en su ayuda en la adversidad. Empezó a hacer labores sencillas; trenzaba paja, y de diversas maneras consiguió ganar una miseria que apenas le bastaba para sustentarse.