Frankenstein
Frankenstein Es además de gran interés para la autora el hecho de que esta historia se comenzara en la majestuosa región donde se desarrolla la obra principalmente, y rodeada de personas cuya ausencia no cesa de lamentar. Pasé el verano de 1816 en los alrededores de Ginebra. La temporada era frÃa y lluviosa, y por las noches nos agrupábamos en torno a la chimenea. Ocasionalmente nos divertÃamos con historias alemanas de fantasmas, que casualmente caÃan en nuestras manos. Aquellas narraciones despertaron en nosotros un deseo juguetón de emularlos. Otros dos amigos[3] (cualquier relato de la pluma de uno de ellos resultarÃa bastante más grato para el lector que nada de lo que yo jamás pueda aspirar a crear) y o nos comprometimos a escribir un cuento cada uno, basado en algún acontecimiento sobrenatural.
Sin embargo, el tiempo de repente mejoró, y mis dos amigos partieron de viaje hacia los Alpes donde olvidaron, en aquellos magnÃficos parajes, cualquier recuerdo de sus espectrales visiones. El relato que sigue es el único que se termino[4].
