Frankenstein
Frankenstein —TranquilÃzate —dijo Clerval al observar que mi rostro cambiaba de color—, no lo mencionaré si ha de inquietarte, pero tu padre y tu prima se sentirÃan muy felices si recibieran una carta de tu puño y letra. Apenas saben de tu gravedad, y tu largo silencio les desasosiega.
—¿Nada más, querido Henry? ¿Cómo pudiste suponer que mis primeros pensamientos no fueran para aquellos seres tan queridos y que tanto merecen mi amor?
—Siendo esto asÃ, querido amigo, quizá té alegre leer esta carta que lleva aquà unos dÃas. Creo que es de tu prima.