Carmilla
Carmilla —Un signo del vampiro es la fuerza de su mano. La delgada mano de Mircalla se cerró como un grillete de acero sobre la muñeca del general cuando éste alzó el hacha para golpear. Pero su fuerza no queda confinada a su asidura; deja un entumecimiento en el miembro que toma, cuya recuperación es lenta, si es que se produce.
La siguiente primavera mi padre me llevó a un viaje por Italia. Permanecimos allí más de un año. Pasó largo tiempo antes de que remitiera el terror de los recientes acontecimientos; y, hasta ahora, la imagen de Carmilla vuelve a mi memoria con ambiguas alteraciones. Unas veces es la hermosa muchacha retozona y lánguida; otras, el diablo contorsionado que vi en la iglesia en ruinas; y a menudo me he despertado sobresaltada de un sueño imaginando que oía los ligeros pasos de Carmilla a la puerta del saloncito.
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