Carmilla
Carmilla El comienzo del horror
En Estiria, aunque no pertenecemos en absoluto a la grandeza, habitamos un castillo, o schloss. Una pequeña renta, en esa parte del mundo, da para mucho. Ochocientas o novecientas libras anuales hacen maravillas. Muy a duras penas nuestros ingresos nos hubieran colocado entre los ricos en la patria. Mi padre es inglés, y yo llevo un apellido inglés, aunque jamás he visto Inglaterra. Pero aquÃ, en este sitio solitario y primitivo, donde todo es tan asombrosamente barato, no veo de qué modo una cantidad de dinero mucho mayor podrÃa añadir nada en absoluto a nuestras comodidades, o incluso lujos.
Mi padre perteneció al ejército austrÃaco, y se retiró con una pensión y su patrimonio, comprando esta residencia feudal y los pequeños dominios en los que se alza; una ganga.
Nada puede ser más pintoresco o solitario. Se yergue sobre una pequeña eminencia en un bosque. El camino, muy viejo y estrecho, pasa frente a su puente levadizo, jamás levantado en mi tiempo, y a su foso, provisto de percas y navegado por muchos cisnes; sobre su superficie flotan hojas de lirios de agua.
Sobre todo esto, el schloss muestra su fachada de innumerables ventanas, sus torres, y su capilla gótica.