Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Entonces le interrumpió el reverendo doctor Macklin, para decirle unas palabras corteses con las que hacer que su visitante se sintiera más cómodo.
Barton siguió diciendo:
—Abusando de su bondad, quiero pedirle un consejo… Y al hablar de su bondad, me parece que no le hago justicia, pues deberÃa hablar de su humanidad, y de su buen juicio, y de su compasión y paciencia… Sufro mucho, reverendo, y desde hace ya demasiado tiempo…
—Mi querido amigo —le dijo el clérigo—, tenga por seguro, se lo ruego, que para mà serÃa una satisfacción enorme poder darle el consuelo necesario y hacer que desaparezca su angustia… Pero… no sé…
—Comprendo qué me quiere decir —le interrumpió Barton—. Ya sé que, como no creo, la religión en nada puede ayudarme… Pero no esté usted tan seguro de que no creo… A pesar de la poca fe que tengo, siento un gran interés hacia todo lo que concierne a la religión. En los últimos tiempos, además, ciertas circunstancias desagradables, ciertos hechos en los que me he visto envuelto de manera lamentable, me han obligado a recapitular… Ahora soy mucho más inocente y receptivo…
—Supongo que sus angustias tienen que ver con las pruebas de la Revelación —dijo el clérigo.