Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Sólo una vez aludió Barton a sus angustias, sugiriendo la posibilidad de que continuara la persecución en Francia. Pero no valen las palabras para describir el buen ánimo, el cambio de su semblante, la tranquilidad, en fin, de que en muy poco tiempo dio muestras el capitán.
Había llegado a tener sus tormentos por una parte de sí mismo, así que, cuando pudo respirar sin angustia, cuando se sintió seguro y profundamente aliviado, se dijo que al fin podía disfrutar de las delicias de la vida, de las que casi se había olvidado por completo en los últimos tiempos.
Tan exaltado era su ánimo, merced al placer que le procuraba aquella libertad recobrada, que comenzó a fraguar infinidad de proyectos, algunos de ellos declaradamente fantásticos, y a hacer planes para un futuro que ahora se le presentaba feliz, algo en lo que muy poco tiempo atrás no se atrevía ni a pensar siquiera remotamente.
Los dos, el capitán y el viejo general, se sentían íntimamente alegres por las perspectivas nuevas que descubría el otrora melancólico, por el cese de aquella persecución que, cierta o no, tantas y tan funestas consecuencias iba teniendo para su víctima.