Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Bien, pues ahora que ha descubierto usted que soy un mago, creo que ha llegado el momento de despedirme —dije.
—DÃgame… ¿cómo ha descubierto todo eso acerca del reverendo?
—Con la inestimable ayuda de los planetas, por supuesto, tal y como es propio de los adivinos gitanos —dije riendo, y me despedà de ella.
Al dÃa siguiente, muy temprano, hice llegar al reverendo Mr. Jennings el breve volumen por el que me habÃa preguntado, con una nota manuscrita. Por la noche, cuando regresé a mi alojamiento, me informaron de que habÃa acudido a visitarme, dejando su tarjeta al no hallarme presente. Me dijeron que habÃa preguntado por la hora en que serÃa posible encontrarme.
¿QuerrÃa quizás reabrir su caso y consultarme en mi condición de médico metafÃsico, profesionalmente, como suele decirse? Esa esperanza albergaba yo, pues ya habÃa elaborado una teorÃa a propósito de sus males. Por otra parte, querÃa ver corroboradas las respuestas que Lady Mary habÃa dado a mis preguntas. ¿Cómo podrÃa, sin embargo, extraerle la confesión necesaria sin olvidarme de mis buenos modales? ¿Y no querrÃa el reverendo confesarse sin más? En cualquier caso, mi querido Van L., pronto estaré en disposición de comunicarle si fue poco o mucho lo que obtuve de nuestro encuentro.