Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Entré hace unos momentos y le saludé, pero estaba usted tan abstraÃdo en la lectura que ni se dio cuenta… Disculpe mi impertinencia, pero no he podido evitar la tentación de echar un vistazo por encima de su hombro para ver qué leÃa, me ha podido la curiosidad… Estoy seguro de que esas páginas no son nuevas para usted… Supongo que hace ya mucho tiempo que acude a las obras de Swedenborg…
—SÃ, claro —respond×; es mucho lo que debo a las obras de Swedenborg; verá usted su huella en ese librito mÃo acerca de la medicina metafÃsica, que me hizo usted el honor de elogiar.
Trataba el reverendo de disimular su incomodo, intentaba mostrarse jovial y despreocupado, pero delataba su sentir un cierto enrojecimiento de su rostro; no podÃa disimular que algo, en su interior, lo alteraba.
—Le confieso —me dijo— que no me considero capacitado aún para interpretar a Swedenborg; hace apenas quince dÃas que me llegaron esos libros, y me parece además, por lo poco que he leÃdo en ellos, que pueden alterar los nervios de un hombre solitario como yo… Pero no quiero decir con eso que me hayan alterado —aquà rió forzadamente—; volviendo a su libro, le agradezco mucho que me lo haya hecho llegar… Supongo que recibió usted mi nota…
Mostré modestia ante su agradecimiento y le dije que, en efecto, habÃa recibido su nota.