Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Era de estatura algo superior a la media de mujeres. Empezaré por describirla. Era esbelta y asombrosamente elegante. Salvo que sus movimientos eran lánguidos… muy lánguidos, en verdad… nada había en su aspecto que delatara su enfermedad. Su tez era brillante y oscura; sus facciones, pequeñas y muy bien formadas; sus ojos, grandes, negros y brillantes. Su cabello era absolutamente maravilloso; jamás he visto otro tan espeso y tan largo como el suyo, cuando lo dejaba suelto sobre los hombros. A menudo hundía en él mis manos, y su sorprendente peso me hacía reír. Era exquisitamente fino y suave, de color castaño muy oscuro, con algún reflejo dorado. Me gustaba soltárselo, que cayera por su propio peso. Cuando estaba en su habitación, recostada en su silla hablándome en voz baja con dulzura, solía yo recogérselo y trenzárselo, y extenderlo y jugar con él. ¡Dios mío! ¡Ojalá lo hubiera sabido todo!