Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius »Decidido a hacer cualquier cosa, lo que fuese, movido por una determinación acaso instintiva, me di la vuelta y comencé a caminar en dirección a la ciudad, volviéndome a cada poco para observar los movimientos de aquella maldita bestia. Ni que decir tiene que avanzaba por lo alto del muro a toda velocidad, para hallarse siempre a mi altura.
»Donde concluye el muro, cerca de la cueva que tiene su salida a la carretera, descendió a tierra, y de un salto se plantó a mi altura, cerca de mis pies, para caminar tan velozmente como yo lo hacía, a muy poca distancia de mí. Iba a mi izquierda; a veces se acercaba tanto a mi pierna que me daba la impresión de que iba a pisarlo.
»Nadie más había en la carretera, todo estaba en absoluto silencio y la oscuridad se me antojaba mayor por momentos. Asustado y sin saber qué hacer me detuve de pronto; di media vuelta, situándome en la dirección de esta casa; me sentí perfectamente inmóvil y anonadado; el mono, al verme así, se apartó hasta situarse a mayor distancia de donde me hallaba; a unas cinco o seis yardas, más o menos. Desde allí siguió observándome.