Los archivos del doctor Hesselius

Los archivos del doctor Hesselius

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—Así es… Constantemente me incita a cometer actos impuros, si no delictivos; y a agredir a los demás; y a agredirme yo mismo… Comprenderá, a la vista de lo que le cuento, la grave situación en la que me veo constantemente… Hace unas pocas semanas, hallándome en Shropshire —temblaba ahora el reverendo Mr. Jennings, hablaba con gran agitación, me miraba con los ojos desorbitados mientras se aferraba a mi brazo—, decidí aceptar la invitación a dar un paseo que me hicieron unos amigos… Naturalmente, la mala bestia iba a mi lado, muy cerca… Perdí unos pasos con respecto a mis amigos, para contemplar el paisaje, que en las riberas del Dee es precioso. Estábamos muy cerca de una mina de carbón, y a la entrada del bosque hay un pozo que según dicen es muy profundo. Mi sobrina también se había retrasado de los otros para acompañarme. Claro está, nada sabe, la pobre, de la naturaleza de mis sufrimientos morales, aunque sí que en los últimos tiempos me mostraba débil y enfermo. Bien, pues mientras caminábamos lentamente, disfrutando del paisaje, el maldito mono no dejaba de decirme que me arrojara de cabeza al pozo… Sólo me libró de obedecerle, téngalo por cierto, doctor, el espanto que me causaba obligar a presenciar un acto semejante a mi pobre sobrina… No obstante, le sugerí que quizás fuese mejor que alcanzara a los otros, pues yo estaba cansado y prefería seguir caminando despacio; es más, le dije que deseaba sentarme allí un buen rato para reponer fuerzas. Mi sobrina, empero, inventó cualquier excusa para no hacer lo que le pedía, y cuanto más le insistía yo en lo mismo, más firme se mostraba… La noté inquieta, incluso asustada. Quizás algo en mi aspecto, acaso mi mirada, el espanto que sin duda había en mis ojos, le causó alarma. En definitiva, no quiso dejarme solo y eso fue lo que me salvó, téngalo por cierto… Nadie puede hacerse una idea, doctor Hesselius, de cuán abyecto y sumiso esclavo de Satanás puede ser un hombre —concluyó el reverendo Mr. Jennings, lanzando un gemido y echándose a llorar.


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