Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Cuando estaba en sociedad, sin embargo, el capitán Barton se mostraba como un hombre de mundo, como todo un caballero. No se percibía en él ese espíritu torvo y esas maneras bruscas y ruidosas propias de los hombres de mar. Era, por el contrario, de trato exquisito, además de apuesto y elegante. Fuerte y vigoroso, de estatura media, había en su frente surcos profundos que le daban todo el aire de un hombre reflexivo, lo propio de quien posee un alma contemplativa; más aún, cabe decir claramente que su fisonomía era la de un hombre melancólico. Como era muy educado y de buena cuna, no precisó de mayores credenciales para ser admitido de inmediato entre lo más granado de la sociedad dublinesa.
Por otra parte, y en lo que a sus hábitos se refiere, el capitán Barton era un hombre ahorrativo, por así decirlo… Había buscado alojamiento en una calle muy de moda por aquellos días, en la zona sur de la ciudad, pero le bastaba con un solo caballo y con un solo criado. A nadie ocultaba que era un hombre de ideas liberales, mas resultaba ejemplar su morigeración en las costumbres; ni jugaba ni bebía, ni se le conocían cualesquiera otros vicios; apenas salía de la casa donde se alojaba; no recibía visitas ni se le veía pasear en compañía de cualquier amigo; si salía a pasear, aun entre el mayor bullicio de las calles, siempre se le veía meditabundo, serio y grave en su actitud, muy digno, ajeno por completo a quienes le rodeaban.