De sobremesa
De sobremesa Pasé una noche atroz y no comprendo la causa. Un dÃa regular; la mitad gastada en el Ministerio de Relaciones Exteriores tomando copias fotográficas de la correspondencia del Ministro que acreditó mi paÃs en Inglaterra para pedir el reconocimiento de su independencia, la tarde en una fábrica de fusiles —que con furia me he entregado a los estudios militares que requiere el cumplimiento de mi plan— y la noche aquà viendo una serie de aguafuertes y de acuarelas que me ofrecen en venta; total: ninguna emoción fuerte. Comida sencilla, con un poco de burdeos viejo y pálido. Y entonces, ¿por qué la horrible pesadilla que me ha hecho gritar y agitarme, la pesadilla angustiosa sin más imagen que la atravesara sino una caÃda mÃa entre la oscuridad negra de un abismo y, arriba, arriba, las tres hojas de la rama del camafeo y el revoloteo de la mariposa blanca sobre un cielo azul cruzado de nubes blancas?
