De sobremesa
De sobremesa Tus rudas manos tudescas no alcanzaron a coger en su velo la mariposa de luz que fue el alma de la Bashkirtseff, ni a profanar analizándola, una sola de las páginas del diario. «María Bashkirtseff, escribiste, una degenerada muerta joven, tocada de locura moral, de un principio del delirio de las grandezas y de la persecución y de exaltación erótica morbosa». (Dégénérescence, volumen II, página 121). Y escrita la frase en que acumulaste cuatro entidades patológicas para definir una de las almas más vibrantes y más ardientes del tiempo presente, flotó sobre tus labios gruesos deliciosa sonrisa de satisfacción beata y estúpida.
Desde el fondo de la sencilla tumba que guarda tus cenizas en el Cementerio de Passy y a donde irán los intelectuales de mañana a cubrir de flores el mármol que conserva tu nombre, desde el fondo del tiempo donde llegarás agrandada por la leyenda, perdona, ¡oh muerta dulcísima!, al maniático seudosabio que te inmortalizó juntándote con Wagner y con Ibsen, en la expresión de su desprecio profundo.