De sobremesa
De sobremesa ¡Que está tÃsica! SÃ, lo siente, lo sabe. Hubo un momento en que al salir de la casa del sabio se abandonó al desaliento y se sintió cerca de la muerte, pero hace dos horas ha olvidado su mal… Por la gran ventana abierta del taller, cercano al cuartico donde está ahora, se veÃa el cielo nocturno, de un azul profundo y transparente; la luz de la Luna se filtraba por allà e inundaba la penumbra de su sortilegio pacificador. Sentada ella en el piano, al vibrar bajo sus dedos nerviosos el teclado de marfil, se extendÃa en el aire dormido la música de Beethoven, y en la semioscuridad, evocada por las notas dolientes del nocturno y por una lectura de Hamlet, flotaba pálido y rubio, arrastrado por la melodÃa como por el agua pérfida del rÃo homicida, el cadáver de Ofelia, Ofelia pálida y rubia, coronada de flores… el cadáver pálido y rubio coronado de flores, llevado por la corriente mansa…