De sobremesa
De sobremesa De ahí, después de pedirle una suma al cajero y de recoger mi correspondencia llegada una hora antes, fui a mi hotel para que Francisco arreglara un saco de viaje, salí en otro coche pedido por el conserje y llegué a la estación a tomar el tren, el primero que saliera, para cualquier parte… Tomé el que me trajo a Bâle, donde dormí, y desde el día siguiente estoy aquí, donde, con una angustia suprema, he esperado el telegrama de Marinoni, que tengo abierto frente a la página que escribo… En fin, no he matado a nadie, fue un rasguño, ayer estaba comiendo en el Restaurante de la Cascada, y ¡respiro!…