De sobremesa
De sobremesa A la madrugada me levanto y tras del baño helado y la leche que tiene todavía la tibieza de la ubre, trepo por entre la bruma gris penetrada de luz, donde los accidentes de la montaña se ven apenas como sombras azulosas, hasta una colina que domina el paisaje. Es un mar de vapores blancos que se va iluminando, iluminando, hasta que los rayos del Sol lo deshacen y muestran el paisaje envuelto en brumas suaves, que flotan como jirones de un velo de novia, sobre el azul de las montañas lejanas, sobre las verduras de los valles y en último término sobre la blancura de plata de un nevado, allá en el horizonte… Luego se va precisando todo, el cielo se azula, se deshace la niebla, los tonos se acentúan, se hacen más intensas las verduras, se ve lo negro o lo rojizo de tal cual roca desnuda. Sólo se oyen los cantos de los pájaros y el ruido sordo y ahogado del torrente que muge en su cauce de piedras. El aire tiene un olor vegetal y es ralo, ligero… Tendido en la altura, sobre la manta que me acompaña en todos mis viajes, me dejo invadir por la sensación penetrante y profunda de frescura que se desprende de todo aquello. Miro a mi alrededor y en primer término, cerca de la verdura amarillenta y aérea de un grupo de sauces, diviso el viejo molino cuya gran rueda, al girar contra lo negro del paredón enmohecido por la humedad, convierte el chorro de agua que la mueve en hilos y gotas de cristal transparente e impalpable vapor, mientras que las golondrinas que anidan en los aleros y los huecos del edificio vetusto entrecruzan sobre él los amplios semicírculos y encontrados zigzags de su incesante y nervioso revoloteo. Pasa a los pies del molino el camino de cabras que trepa a la cima y en rápida curva se oculta tras de los primeros contrafuertes de la montaña que son a esa hora, vistos desde donde estoy, una masa de negruzca neblina argentada, rizada por los verdes matorrales que se destacan sobre el segundo contrafuerte cuya confusa masa de detalles esfuma la niebla velándolos. Allá a lo lejos, la oscuridad azulosa de los montes del fondo, con sus perfiles de puntiagudos picachos y denteladas rocas que se cortan oscuras en un ángulo de anfractuosas sinuosidades sobre el diáfano azul pálido del cielo y la blancura deslumbrante de las nubes matinales.