De sobremesa
De sobremesa ¡Oh!, qué delicia la de escribir, después de instalar un gobierno de fuerza, grande y buen amigo, al acreditar los respectivos plenipotenciarios que pedirán su reconocimiento ante todos los presidentes de todas las republiquitas a la americana del centro o del sur donde las cosas se hacen así y de pensar que en virtud de un plan elaborado con la frialdad con que se resuelve la incógnita de una ecuación, llegó uno al puesto que ambiciona con el fin de modificar un pueblo y elevarlo y verificar en él una vasta experiencia de sociología experimental. Ningún esfuerzo me parecerá excesivo para coronar la altura que representa sólo la posibilidad de comenzar a obrar ampliamente.