De sobremesa
De sobremesa Antipatizo con ella con todas mis fuerzas. Es una encarnación auténtica de toda la canallería y de todo el vicio parisiense. El Gil Blas contó una vez, en un suelto, el antojo que tuvo al ver en una feria a un jayán que medio desnudo levantaba pesos de a diez arrobas, y la seducción del Hércules hecha por ella al terminarse el espectáculo y la llevada de éste entre su coche, y el encierro con él durante dos días y dos noches en la alcoba por donde han pasado todos los que han tenido modo de disponer de unos cuantos billetes de a mil francos para pagarse ese capricho por una noche. Es una Mesalina comprable; grosera como una verdulera y hermosa como una venus griega… Se ha ido ahora a arreglar el modo de pasar la noche en mi departamento sin que la vean los criados y a mandar helar unas botellas de champaña. La orgía será digna de mis cincuenta días de abstinencia y de estudios estúpidos…