La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Por lo tanto, en circunstancias diferentes de las que efectivamente tuvieron lugar, esta valoración constante podría haberse vuelto un agudo inconveniente para los contribuyentes o para el estado. Y en el curso del tiempo esas circunstancias inevitablemente, tarde o temprano, se producirán. Pero aunque los imperios, como todas las obras humanas, han probado ser hasta hoy mortales, a pesar de ello todos los imperios aspiran a la inmortalidad. Toda constitución, entonces, que pretenda ser tan permanente como el imperio, debería ajustarse no a algunas circunstancias concretas sino a todas; no debería adecuarse a las circunstancias transitorias, ocasionales o accidentales sino a las necesarias y por eso inmutables.