La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Aunque los impuestos sobre los bienes de lujo, al igual que el grueso de los derechos de aduana y de sisa, recaen indistintamente sobre todas las diversas clases de ingreso, y son pagados en última instancia o sin compensación alguna por los que consumen las mercancías gravadas, no siempre recaen de forma equitativa o proporcional sobre el ingreso de cada persona. Como el gusto de cada hombre determina el grado de su consumo, cada uno contribuye más en proporción a su gusto que a su ingreso; el pródigo contribuye más, el frugal menos. …Los que viven en otro país no contribuyen nada, a través de su consumo, al sostén del estado del país donde se sitúa la fuente de sus ingresos. Si en este país no hubiese impuesto sobre la tierra ni derechos elevados sobre la transferencia de propiedades muebles o inmuebles, como ocurre en Irlanda, esos absentistas podrían cosechar un suculento ingreso gracias a la protección de un estado a cuyo sostenimiento no aportan ni un chelín. …No resulta por tanto asombroso que la idea de un impuesto sobre los absentistas sea tan vastamente popular en ese país. …Pero con la excepción de estos casos tan peculiares, toda desigualdad en la contribución individual derivada de esos impuestos es mucho más que compensada por la circunstancia misma que da lugar a esa desigualdad, la circunstancia de que la contribución de cada persona es totalmente voluntaria, puesto que está completamente en su mano el consumir la mercancía gravada o no. De ahí que cuando estos impuestos son correctamente estipulados y sobre las mercancías adecuadas, se los paga con menos refunfuños que cualquier otro. Cuando son adelantados por el comerciante o el industrial, el consumidor que en última instancia los paga pronto los confunde en el precio de las mercancías, y casi se olvida de que está pagando un impuesto. …